El consejero regional por Barranca, Ronald Soberón, asumió la presidencia del Consejo Regional de Lima. Sin embargo, su designación no está exenta de cuestionamientos, especialmente por el rol que ha desempeñado hasta ahora en la defensa de los intereses de la provincia.
Hasta el momento, Ronald Soberón no ha mostrado la firmeza necesaria para exigir a la gobernadora regional de Lima, Rosa Vásquez, el cumplimiento de una de sus principales promesas para Barranca: la construcción del Hospital Regional de Alta Complejidad. Por el contrario, su actuación ha sido percibida más como la de un operador o coordinador político que como la de un verdadero fiscalizador.
Esta situación ha dejado en evidencia el papel de Bertila García Ramírez, identificada como coordinadora zonal política, quien —aunque poco conocida por la población— cumple labores de atención a los vecinos y coordinación de obras, funciones que deberían ser lideradas directamente por las autoridades electas, entre ellas el propio consejero regional.
Asimismo, Soberón ha destacado más como vocero de la gobernadora regional que como representante de la población barranquina. En ningún momento se le ha visto exigir con claridad que Rosa Vásquez priorice las necesidades urgentes de Barranca, como salud, infraestructura y servicios básicos. Por el contrario, su accionar ha estado más orientado a la gestión política que a la fiscalización efectiva de las obras y proyectos ejecutados.
En ese contexto, surge una pregunta inevitable:
¿Qué se puede esperar del flamante presidente del Consejo Regional de Lima en favor de Barranca?

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