Desde ayer empezaron los ataques al presidente del Banco Central de Reserva (BCR).
El candidato Roberto Sánchez difundió en redes un video con el anuncio de que Julio Velarde será destituido “el primer día de gobierno”. Lo han seguido su candidata a la vice presidencia y el inefable Antauro Humala. También han difundido una noticia falsa en la que la periodista Alvina Ruiz "bota del set a Velarde". Todo es un disparate, pero en la política peruana los disparates tienen una lógica, un motivo, un por qué.
Julio Velarde está al frente del BCR desde el año 2006. Gracias a su gestión, el Perú ha consolidado la tasa de inflación más baja de América Latina. Desde 1997, llevamos 29 años consecutivos con una inflación de apenas un dígito. Ningún país de la región tiene la inflación controlada al nivel peruano y en la gestión de Velarde esto se logró en medio de enorme turbulencia política.
Para quienes no lo sepan la inflación es un cáncer que destruye rápidamente el poder adquisitivo de los ciudadanos, especialmente el de los sectores populares.
Existe otro aspecto. En la gestión de Julio Velarde se logró el ciclo de estabilidad monetaria más largo desde la década de 1950 y el país tiene reservas internacionales que, al cierre del primer trimestre de 2026, superan los 94 mil millones de dólares, el nivel más alto en nuestra historia y el más alto entre las principales economías latinoamericanas.
Por esa razón, el prestigio de Velarde es reconocido por economistas de izquierda y derecha, organismos multilaterales y mercados financieros. No es un político, es el único funcionario que ha cumplido con su tarea. Es, en sentido estricto, la imagen más visible de la estabilidad macroeconómica del país.
Ahora bien, ¿por qué están lanzando ataques contra Velarde? Juntos por el Perú, heredero de la línea de Perú Libre, tiene tres objetivos que están concatenados: cambiar el capítulo económico de la Constitución de 1993 mediante una Asamblea Constituyente y, sobre esa base, eliminar la autonomía del BCR y usar las reservas internacionales para financiar gasto social (mega corrupción a la mano).
Estos tres objetivos son inseparables. Para controlar al BCR y rapiñar las reservas necesitan modificar la Constitución y, para ello, necesitan hacerle creer a un sector de la opinión pública que el orden económico vigente debe ser modificado. Necesitan cuestionar, descalificar el modelo económico y Velarde es el rostro más reconocido.
No es que esto se le ocurra al candidato Roberto Sánchez, cuyas (in) capacidades las conocemos. Detrás de él existen operadores marxistas a cargo de esta campaña. Recordemos que el radicalismo de izquierda se apoya en Antonio Gramsci, el teórico marxista que plantea lo siguiente: antes de conquistar el Estado, hay que lograr que el orden vigente deje de parecer normal para la mayoría. Se debe lograr que la gente piense que no era verdad aquello que le decían que funcionaba. Y para eso, obviamente, la mejor arma es la mentira.
La estabilidad monetaria peruana y el control de la inflación tienen la virtud de que la población admite que funciona sin preguntarse a qué modelo responde ni a quién beneficia.
Para desmontarla políticamente, primero hay que instalar la duda. Y ya se sabe que la duda carcome, instala temores. Lo que tomó 29 años construir puede empezar a dañarse con la sola instalación de la incertidumbre, sin necesidad de ejecutar ninguna medida.
En ese sentido, instalar dudas sobre la continuidad de Velarde genera preguntas en los mercados y afecta expectativas. Si en los casi dos meses que restan para elegir gobernante, ocurre algún salto en la economía dirán “ya ven el sistema no funciona”.
Los ataques a Velarde no buscan ganar votos —el electorado andino y rural que sostiene a Sánchez no decodifica ese mensaje—. Están pretendiendo instalar dudas señalando, para la población menos informada, que el BCR es un instrumento al servicio del capital extranjero y no del país.
Los sectores radicales que aún existen en las tinieblas del marxismo, aprendieron de Karl Marx lo que ahora Roberto Sánchez pretende aplicar: “Queda aún más claro lo que debemos hacer en el presente: me refiero a la crítica despiadada de todo lo existente, despiadada sin temer las conclusiones a las que se llega”. Traducción directa: usen la mentira sin temor.
En síntesis, los ataques que están enfilando contra Julio Velarde no son ataques a un funcionario. Es el primer movimiento para tratar de generar una corriente de opinión para cambiar la Constitución con la famosa Asamblea Constituyente que pretenden desde el período de Pedro Castillo. A muchos les puede parecer absurdo e imposible generar esa tendencia pero es Perú. La mejor muestra es que nadie pensó que ese anciano congresista apellidado Balcázar sería presidente transitorio y allí está en Palacio.
Aquellos que ponen comentarios sin pensar ni entender, dirán que este es un artículo en defensa del “neo liberalismo hambreador del pueblo”. Les digo que hasta China, gobernada por el Partido Comunista desde 1949, ha adoptado la economía de mercado. En 1992, Deng Xiaoping lo sentenció así: “Economía planificada no es sinónimo de socialismo, pues en el capitalismo también hay planificación; y economía de mercado tampoco es sinónimo de capitalismo, ya que en el socialismo también hay mercado”.
Lo que está en juego en el Perú no es un debate ideológico sobre el capitalismo. Es algo más simple y, a la vez, más perverso: el sector que encabeza Roberto Sánchez busca la destrucción deliberada de la estabilidad económica peruana.
No ha terminado el conteo de votos y ya están envalentonados para llevarnos al descalabro.