De mantenerse esa postura, Barranca se quedaba este verano sin policías de salvataje. Frente a la indiferencia municipal, los vecinos decidieron actuar: donaron pintura y materiales, mientras que la Capitanía y los efectivos policiales pusieron la mano de obra. Gracias a ese esfuerzo ciudadano, se logró acondicionar las torres de Puerto Chico y Miraflores.
La gestión municipal de Barranca vuelve a dar muestras de incapacidad y una preocupante desconexión con las necesidades reales de sus ciudadanos. Esta vez, los afectados son los vecinos del balneario de Barranca, quienes llevaban meses solicitando atención sin obtener respuesta alguna.
El caso más grave es el de la torre de Chorrillos, que tuvo que ser desarmada por representar un peligro latente debido a su pésimo estado. Desde junio se había advertido al área de Defensa Civil sobre su deterioro, ocasionado por los oleajes; sin embargo, la respuesta fue siempre la misma: “no es responsabilidad de la municipalidad y no hay presupuesto”.
Desde setiembre, los vecinos venían solicitando la elaboración de un Plan de Verano. ¿La respuesta? Silencio absoluto. Recién cuando la municipalidad vio a los vecinos pintando las torres, decidió convocar a una reunión, prácticamente a puertas de finalizar el año. Improvisación pura y reacción tardía.
“Da pena ver un balneario desordenado, descuidado, sin mantenimiento oportuno ni planificación, y con un alcalde que aparece solo cuando la presión ciudadana lo obliga. Todo es reacción tardía, nada es prevención”, denunció un vecino del sector.
Barranca es provincia y no debería exhibir un balneario abandonado, ni una gestión que se lava las manos cuando más se le necesita. Lo ocurrido no es un hecho aislado: es el reflejo de una administración que simplemente no da la talla y que ha hecho de la improvisación su sello.
Y la pregunta es inevitable: ¿dónde está el señor Palomino?










